Fui a Bruselas de viaje de fin de curso con el IES José del Campo y, sin ningún tipo de duda, lo que más me sorprendió de la ciudad fue la gran iluminación en todas sus calles. Aunque las luces dejan ver también una cara oscura en este pequeño país sobre la gestión de los residuos urbanos a la que no estamos acostumbrados los españoles.
Si el excesivo alumbrado supone un enorme gasto, lo que deberíamos exigir es que los técnicos especialistas en consumo energético nos explicaran cuáles son los planes para preparar las ciudades frente a la época navideña y cómo se van a emplear los recursos subvencionados a las poblaciones que alumbran la noche con bolas de discoteca. Ellos son los que mediante estas montañas rusas de gráficas indicativas de consumo energético conocen el gasto real que supone que unos animales inteligentes celebren el supuesto nacimiento de Jesús.
En el lado español, tenemos a la ciudad de gallega de Vigo, conocida por su prontitud a la hora de encender el alumbrado navideño y por el exceso de iluminación en estas fechas, con un gasto energético de 2,68 millones de euros durante la Navidad (46.223 euros al día). Por el contrario, Bruselas utiliza un método de iluminación con luces LED temporalizadas basado en energía solar renovable. Las dos ciudades tienen el mismo objetivo: conseguir alcanzar la “vibe” de que los visitantes gasten lo mismo que una adolescente en Zara, pero una es consciente del consumo energético que realiza e intenta mejorarlo con energías renovables y la otra no.
Sin embargo, no es todo malo lo que sucede en España. Me llamó la atención en Bruselas el método de gestión de los residuos sólidos-urbanos, es decir, la basura, en la ciudad. En nuestro país, los ciudadanos suelen ser selectivos con la basura y depositan los residuos en contenedores según su destino: orgánico, papel, plásticos o vidrio. Sin embargo, sorpresivamente, en Bruselas no existen contenedores en las calles para que los ciudadanos depositen sus bolsas de basura y menos para una gestión del reciclaje de los residuos. En Bruselas dejan las bolsas de basura directamente en la calle. Los vecinos, a una hora determinada, depositan las bolsas de basura alrededor de las farolas, y esto crea una visión de suciedad maloliente que no tiene sentido en nuestros días, aunque es de suponer que una vez lleven los residuos a las centrales de tratamiento allí se haga una selección y el reciclaje correspondiente.
Pero volviendo al tema inicial del gasto en el alumbrado navideño, los españoles no debemos dejarnos engañar por la belleza de las luces y tenemos que fijarnos y reflexionar un poco acerca del gasto a lo tonto por una tradición que se ha extendido en el tiempo y que cada año va a más bajo la premisa de que a más iluminación más compras en el comercio local. Aún estamos a tiempo de solventar este problema y ayudar a nuestro pequeño planeta a seguir con vida y a seguir proporcionándonos horizontes como hasta nuestros días ha hecho. Cuidemos el planeta porque es lo que se dibujará nuestro futuro.
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