Casi todos los años hacemos una salida a La Viesca. Este curso, que estamos en quinto, ya hemos ido otra vez pero esta ha sido más divertida y diferente a otras veces.

El profesor de Educación Física nos preparó unos días antes para dejarnos solos por el parque y con un mapa encontrar todas las pistas. Era una especie de yincana.

Y allí estábamos, en La Viesca, con nuestro mapa en la mano. No sabíamos qué hacer ni dónde ir, pero todos nos pusimos en marcha, nerviosos, pero en marcha.  Una de mis compañeras estaba nerviosa, pero las demás mirábamos el mapa… y nada. Pasaron por allí unos alumnos de sexto, que también participaban en la actividad y nos dijeron por dónde estaba una de las pistas.

Pasamos por el puente colgante, otros iban por el puente de las arañas, subimos colinas, atravesamos prados que estaban algo mojados, pero no nos importaba, resolvíamos los acertijos, los problemas… no parecía una actividad ni nada de eso, ¡más bien parecía un reto!

Pasando por el puente colgante del parque.

Estábamos organizados en grupos más o menos de 5 o 6 personas. Era divertido estar en grupo y también nos servía de ayuda, porque si alguien no sabía algo, entre todos descifrábamos el mapa y acabamos encontrando las pistas, ¡todas las pistas! Acabamos muy cansados, pero muy contentos al mismo tiempo.

Mientras todos buscábamos las pistas, había grupos que intentaban despistar a otros y nos gastábamos bromas. Hubo gente que se lo tomó bien, pero otros no tanto.

Fue una mañana muy divertida e interesante. Pudimos estar solos  por la Viesca, mientras nuestros profesores se colocaban en puntos estratégicos para que nadie se perdiera o se fuera por otros caminos.

Cuando acabó la actividad, nos reunimos todos los grupos para comprobar que habíamos conseguido todas las pistas.  Después nos dejaron tiempo libre para jugar. Lo peor de todo fue la vuelta al colegio, porque volvimos andando y ya nos dolían los pies, pero volveríamos a hacerlo.

 

 

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