///Nuestras playas se tiñen de negro

Nuestras playas se tiñen de negro

Firma: Por Juan Herrería Porras, periodista.

Cuando el petrolero Prestige se hundió frente a Galicia, hace cosa de un mes, todos los cántabros pensamos que difícilmente llegaría la marea negra a nuestras costas. Pues bien, hoy por hoy, la mayoría de nuestras playas y acantilados se ven salpicados, en mayor o menor grado, por una sustancia viscosa y negruzca que, poco a poco, va eliminando el ecosistema marino cantabro.

Ante esta situación, tal y como han hecho miles de personas, acudí con unos amigos a prestar nuestro apoyo a la gente que colabora para devolver a las playas su estado natural

Tanto por la proximidad geográfica como por las corrientes y las condiciones meteorológicas, la zona occidental de Cantabria ha sido la mas afectada. Nosotros decidimos aportar nuestro granito de arena en la playa de Oyambre. La zona del fondo de la playa, donde se encuentran todas las rocas, es la mas afectada por el vertido. Y era allí, donde se concentraba el mayor numero de voluntarios.

Antes de ponernos manos a la obra, nos equipamos de forma adecuada para recoger el fuel de las rocas. Botas de goma, un traje impermeable, guantes y mascarilla componen el uniforme básico, que suministran los miembros de Protección Civil que se encargan del material. A pesar de que no escatiman a la hora de repartir equipos, la organización de los voluntarios deja bastante que desear. No hay nadie que te diga dónde tienes que acudir ni qué tienes que hacer exactamente. Debido a esto, y por iniciativa propia, nos encaminamos a la zona de las rocas, al fondo de la playa.

A medida que te acercas al final de la playa, los efectos de la marea negra son más visibles. Las manchas de fuel se entremezclan con las rocas e impregnan todo de un olor muy característico, que termina produciendo mareos si no llevas la mascarilla puesta. Orientados por otros voluntarios, nos pusimos manos a la obra.
El fuel oil es una sustancia muy viscosa y densa que se pega a todos los lados. Tanto es así, que es necesario cambiar de guantes cada poco tiempo porque se pegan los dedos entre sí y quedan totalmente inservibles. Entre comentarios relativos al terrible aspecto que presentan las rocas, fuimos llenando sacos y sacos de fuel. En apenas dos horas, entre cuatro personas, sacamos seis sacos de chapapote de la playa de Oyambre.

Cuando la marea y la noche nos obligaron a retirarnos de las rocas, nuestros trajes y nuestras caras estaban igual de negras que el resto de la playa. Emprendimos el camino de vuelta hasta la entrada de la playa, donde nos esperaban el disolvente y el gasoil necesarios para poder limpiarnos las manchas negras. Tras el aseo y la merienda, abandonamos la playa con una sensación agridulce. En parte estábamos contentos por la labor realizada pero, por otro lado, nos sentíamos muy impotentes porque la playa sigue presentando una aspecto bastante desolador. Por este motivo, y porque seguramente llegará más fuel oil a nuestras costas, volveremos a Oyambre a colaborar para que esta playa, con el paso del tiempo, recupere su aspecto habitual. 

2019-10-11T11:05:35+00:00 25 Nov 2002|Categorías: Hemeroteca, Revista Nº 35|Etiquetas: |

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