///Memorias de un viaje inolvidable a Grecia

Memorias de un viaje inolvidable a Grecia

Firma: Por Lucía Ahedo. Alumna de 1º de Bachillerato del IES José María Pereda.

Narración del día a día del viaje de un viaje de fin de curso inolvidable a Grecia realizado por un grupo de alumnos del IES Pereda de Santander. Los profesores Carmen y Luisma compartieron con Bayón, Vanessa, Sara, Judit, David, Patricia, Isidro, Alberto, Yolanda, Pablo Martínez (Choped), Marina Peña, Marcos, Cristina, Pablo, Lucía, Sergio, Paula, Flavio y Marina Duque los siete días que duró la aventura.

Día 1 (22 de junio)

Toda esta historia comenzó un sábado a las cinco de la madrugada, cuando cogimos el autobús que nos llevaría hasta el aeropuerto de Barajas. Este fue mi primer contacto con los amigos que más adelante iba a descubrir. Tras un viaje en bus muy inquieto debido al partido España-Corea, llegamos al aeropuerto donde, mientras esperábamos a embarcar, escuchamos como España quedaba eliminada del Mundial. Al final acabamos despegando rumbo a Atenas.

Al aterrizar y recoger nuestras maletas, conocimos a nuestra guía Corina y a nuestro querido conductor Ilias. Cuando llegamos al hotel Candia, tocaba el reparto de las habitaciones, con la suerte de que Luisma y Carmen estaban en la primera planta y nosotros en la tercera y cuarta. Después de asentarnos en las respectivas habitaciones, fuimos al barrio de Plaka, en ese metro que nos dará que hablar y que reír.

Eran las 11:30 cuando acabamos de cenar y el último metro salía a las 12:00, por lo tanto tuvimos que acelerar el paso, pero sólo lo hicimos Carmen, Sara, Pini y yo, y tras correr desesperadamente, equivocarnos de vía, … conseguimos dar con el metro correcto en el momento exacto. Una vez en el hotel comenzó la búsqueda a través del móvil de los «perdidos», pero no hubo forma así que decidimos irnos a la piscina hasta que llegasen. Al subir vimos la gran cantidad de gente que había por una reunión de voluntarios de los países europeos. Más tarde bajé y vi que ya empezaban a llegar; el primero fue Pablo que me explicó lo sucedido, y una vez llegado Luisma se cerró el asunto.

Tras estar un rato en la piscina, bajamos a nuestro cuarto donde nos divertimos hablando y jugando; cuando estaba a punto de dormirme llegaron Judit y Marina anunciando que había fuego en un edificio de al lado, tras avisar abajo y recoger las maletas, por si acaso …, subimos al ático y resultó que el edificio estaba un poco lejos; nos quedamos allí viendo amanecer hasta la hora del desayuno, momento en el que comenzaba el segundo día rumbo a Corinto.

 

Día 2 (23 de junio)

A pesar del sueño que se había almacenado, la fiesta continuó en el autobús. En él Luisma nos anunció que el martes nos daría las notas finales, con esas palabras sentí un mal presagio y mantuvimos mi primera charla sobre mi futuro como estudiante.

Llegamos al Canal de Corinto, lo vimos y nos hicimos las fotos de rigor. De allí fuimos a Epidauro, donde después de asombrarnos tuvimos que subir todas las gradas hasta llegar a lo alto; tras la explicación bajó gente a leer, rasgar un papel y tirar una moneda, acabando cantando el Europe´s living a celebration cinco personas con coreografía incluida. Posteriormente subimos en bus (sino habría que haber subido 857 escalones) a la ciudadela Palamedes.

Aquí terminó nuestro día cultural, comenzando nuestro día libre en Nauplia con la llegada al siniestro hotel Dioscuri, donde no podíamos abrir la ventana porque había unos albanos que nos robaban las cosas, pero por lo menos nuestra  habitación se conectaba con otras de los del viaje. Después de comer en la habitación del hotel, Isidro, Bayón, Sergio y yo fuimos en busca de la playa pequeña, pero somos así y llegamos a la grande. Más tarde se cambiaron y salimos a dar una vuelta por las calles de Nauplia. Por las calles nos encontramos con Flavio, Choped, Carmen y Luisma y nos quedamos recorriendo tiendas y tiendas hasta que me fui al hotel para prepararme para la cena de esa noche. Durante la cena, que todo hay que decir la pagaba el fondo, nos dio tiempo de mucho: unos crearon un equipo de comboloi, otros comenzaron a hacer risas sobre el paapa y otros, Pablo y yo, comenzaron una ronda de juegos.

Llegó el momento, terminada la cena, de buscar un sitio apropiado para realizar nuestra particular Hoguera de San Juan; en ese momento todos quemamos algo que queríamos que desapareciese de nuestras vidas. Ya en el hotel comenzamos otra ronda del maravilloso juego, pero esta vez sin Pablo, en la que contamos cada uno algo que llevábamos dentro. Finalizado el juego, a las tantas de la madrugada y tras muchas broncas del hotelero, nos dormimos.

 

Día 3 (24 de junio)

Amaneció otro día, esta vez rumbo a Micenas. Cuando llegamos comenzó el paseo por todo el recinto, desde la Puerta de los Leones, en el cual realicé muchas de mis maravillosas fotos que ahora tendría y que ahora voy a explicar.

Desde el primer día usé la cámara para guardar todos los momentos, a pesar de que esta no fuera de mi agrado; tenía fotos de paisajes, mías con más gente, … entonces llegó el momento en el que supuestamente el carrete se tendría que acabar pero no llegaba, así que se lo comenté a Luisma y me dijo: «Vale, si hay carrete se te velará la última foto, si no …». Esos puntos suspensivos sonaron mal; tras un rápido movimiento de abrir y cerrar, él me dijo con la mirada que podía matar a mi hermano en cuanto llegase a Santander; después de chinarme, reirnos y decir uno de mis tantos «me da igual» me puso otro carrete y ya está.

Después de comer nos dirigimos al Recinto Olímpico, en el que de un sprint vimos lo más importante para llegar cuanto antes al estadio. Allí celebramos los J.J.O.O.P. (Juegos Olímpicos Oficiales del Pereda). En la carrera de 150 metros masculina ganó David y en femenina Patricia, resaltando en esta última la participación de Carmen. Terminada la competición fuimos al museo y de él al hotel Apollon en Olimpia. Sus habitaciones eran de dos y de tres, así que me puse con Vanessa, esta vez nos reunimos todos en el mismo piso.

Después la gente decidió ir a tomar un baño a la piscina en la que pudieron observar los bichos griegos; yo, en cambio, decidí ir con Luisma, Carmen y Sara a ver tiendas, pero Sara no vino por que para ella cinco minutos es una hora. Tras escuchar múltiples historias mitológicas, nos fuimos a cenar, esta vez iba obligatoriamente con Carmen, Luisma, Flavio y Choped, manteniendo una divertida cena con la presencia momentánea de un perro sarnoso que conseguía dar pena.

Regresamos al hotel, con la idea en la cabeza de dormir, pero como Luisma estaba rodeado en el balcón por nuestras habitaciones, mantuvo unas charlas muy amenas con los que allí se iban asomando, incluyéndome a mí. A partir de este momento comenzó mi maravillosa ronquera que me duraría dos semanas, y todo por culpa de alguien que me dijo que bajase el volumen a pesar de que es imposible.

Volviendo a las historia, tras irse a dormir, empecé a vagabundear por todas las habitaciones: unos estaban con rol, otros charlando y otros durmiendo. Más tarde enfoqué el aire acondicionado a mis pies y me dormí.

 

Día 4 (25 de junio)

Comenzó el día más esperado y no por lo que íbamos a ver, si no porque iba a saber mi futuro, las notas. Estábamos en el bus y dieron las 10:30 hora española; Ilias paró en un restaurante de carretera y Carmen y Luisma fueron a la cabina a llamar a Javier Bonet, pieza clave en este asunto; los temores desaparecieron y el cielo se llenó de estrellas: se fueron todos los males.

Antes de visitar al centro del mundo comimos en Delfos. Más tarde, vimos el museo, el recinto con el ónfalos y el estadio y el Tholos. Desde allí tuvimos que correr los 100 metros lisos para ir al bus ya que estaba mal aparcado.

Llegamos al hotel y en el reparto de habitaciones yo conseguí la suite para nosotras, decidiendo de esta forma cenar «todos» en ella.

Acompañé a Carmen, Ilias y Luis mientras cenaban, compartiendo con Ilias la pasión por el voley. Fuimos al hotel, charlamos un poco y a «dormir» hasta el día siguiente.

 

Día 5 ( 26 de junio)

Dio comienzo nuestro penúltimo día rumbo a Kalambaka, al hotel Famissi.
Después de ponerse los chicos pantalones largos y las chicas faldas, excepto Patricia, Marina y yo, marchamos hacia los monasterios de Meteora.

Durante la visita a los tres monasterios, que todo hay que decir eran fabulosos, tuve que esquivar al paparazzi de Luisma y al camarama de Pablo, pero a pesar de eso sólo hay una foto mía en faldas.

Llegamos a las 5 al hotel y lo primero fue la comida: chorizo pamplona y queso en el cuarto. Devolvimos a Luisma la navaja que nos había dejado para cortar el queso y compramos regalos para la familia y para mí. Esta noche también sería lo del amigo invisible. Más tarde nos fuimos a recorrer Kalambaka de punta a punta; caminando nos encontramos todos y finalmente supe quién era mi benefactor invisible.

Después de esperar -esperar y desesperar- llegaron todos. Tras entregar el amigo invisible y los premios de la carrera, comenzamos a comer y luego a brindar con agua, qué se le va a hacer.

Después de algún que otro curioso incidente en la cena regresamos al hotel, largas conversaciones y a esperar a que el cansancio desapareciera dulcemente acunada en los brazos de Morfeo.

 

Día 6 (27 de junio)

Me desperté a las 5, media hora más tarde de lo debido, y claro está con unas buenas ojeras y con una cara y una mente apropiada para cobrar deudas pendientes.

Hoy tocaba visitar Atenas de forma maratoniana. Por la mañana vimos la Acrópolis, al mediodía comimos en un Mc’Donalds (a pesar de las quejas de Luisma) y por la tarde, tras conseguir llegar al museo, entramos y lo vimos acompañados de un fantástico guía italiano, francés o inglés que chapurreaba español. Posteriormente vimos el cambio de guardia y nos hicimos las fotos de rigor. Para la cena nos separamos en dos grupos: uno iría a Plaka y otro a Monasteraki.

Esa noche Pablo me convenció para seguir más o menos los pasos de Luisma y hacernos un tatuaje de henna. Tras ello, nos recorrimos todo Plaka, en donde hice mis últimas compras (mi camiseta de Brazil) y al no ver a nadie fuimos a donde habíamos quedado. Una vez reunido todo el grupo, cogimos tranquilamente el metro y al bajarnos vimos cómo tres miembros de la intrépida expedición desaparecían dentro de las fauces de aquel engendro metálico por no apearse a tiempo hubo carcajadas generales, pero no pasó nada más cogieron el de vuelta y punto.

Ya en el hotel, elegimos habitaciones y subimos a la piscina, ya que luego seríamos las espectadoras de un precioso espectáculo – para más información llamar al 903 010 203-. El tiempo pasó conversando con Luisma en la piscina hasta el llegó el momento de bajar para ver el sorprendente espectáculo.

 

Día 7 (28 de junio)

Amaneció el último día, el día de vuelta, el día en que nos teníamos que decir adiós, el día en el que nos inundaba la tristeza. El bus llegó tarde, entramos a todo correr en el aeropuerto, embarcamos y volamos. Durante el vuelo estuvimos jugando a las cartas y hablando Judit, Luisma, Carmen y yo. Aterrizamos en Madrid y allí despedimos a Lucía Pini, rumbo a recónditos lugares. Luego cogimos el bus, en el que se echaba de menos a Ilias, que nos llevaría a Santander.

En el trayecto escribimos las dedicatorias, que por mi parte quedarán guardadas toda la eternidad, y nos fuimos despidiendo y comenzaron a verse las primeras lágrimas; por mi parte casi las hubo por culpa de los buenos momentos vividos, pero supe tragármelos (y no romper mi aspecto de dura).
Paramos a comer y llamé a mi madre avisándola de que ya volvía. Y así fue, después de escribir las inspiradas dedicatorias, llegó el momento, giramos el pabellón de La Salle y vimos a mucha gente esperándonos, mi madre entre ellas, bajé y la abracé a más no poder. Para terminar me despedí de todos, conocí a Pablo, el hijo de Luisma, me despedí de él y me fui.

2019-09-20T11:31:56+00:00 15 Ene 2003|Categorías: Hemeroteca, Revista Nº 36|Etiquetas: |

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