Para conocer a fondo algunos aspectos de la vida de uno de los más geniales y mejores compositores de todos los tiempos, Ludwig van Beethoven, que a pesar de los obstáculos ha conseguido pasar a la historia de un modo glorioso y se ha convertido en un mito dentro del mundo de la música, lo más adecuado es preguntar a un experto en la materia. Por eso entrevistamos a Stefan Klavier, historiador y músico austriaco, que ha seguido la huella de este maestro investigando en profundidad sobre su vida, sus aficiones, su obra, su familia… hasta llegar a conocerle como la misma palma de su mano.  

Pregunta.- ¿Considera usted a Beethoven un revolucionario de su tiempo?
Respuesta.- Siempre se ha dicho que de su obra se desprende que aspiraba a una libertad universal. Las personas que le rodeaban, profesores, músicos, escritores, propugnaban ideas a favor de los derechos humanos. Llevó a la práctica la idea de que la libertad no puede hacer concesiones. Cuando alcanzó cierta fama y se empezó a reconocer su genio, exigió que los mecenas lo trataran de igual a igual y lo llega a conseguir, aunque con algunos escándalos que han pasado a la historia.

Hasta entonces los músicos eran tratados como criados, fue famoso un episodio de Mozart, que recibió una patada en el trasero por pedir unos días libres. Pues bien, Beethoven escribe al príncipe Lichnowsky, con el que acababa de discutir: «Príncipe, lo que es usted, lo es por un capricho de la naturaleza. Lo que soy yo, lo soy por mí mismo. Príncipes los hay por millones, Beethoven sólo hay uno«.

Los ideales de la Revolución Francesa, la Libertad, Igualdad y Fraternidad, cruzan Europa y esta ebullición cultural llega a la obra de Beethoven. Empieza a componer una obra que iba a ser dedicada a Bonaparte, al que todos los intelectuales consideraban el héroe del siglo, pero el día en que es coronado Emperador y Bonaparte se convierte en Napoleón, Beethoven se encoleriza y rompe la hoja del título, afirmando que ahora el Emperador sólo pensará en su ambición y querrá alzarse por encima de los demás. Volvió a escribir de nuevo la Sinfonía y recibió su título: Heroica. Beethoven es revolucionario en el sentido de cuestionar muchas ideas y tradiciones de su época. 

P.-¿Fue su talento debidamente reconocido en su época?
R.- Si, cuando se sentaba al piano conquistaba absolutamente a quienes le oían. En Viena, cuna de la música en el momento, se le abren todas las puertas de la nobleza. Tuvo un breve encuentro con Mozart, cuando tenía 31 años y Beethoven 16. Aunque para este último la reunión no fue muy satisfactoria, se contaba que mientras el joven tocaba, Mozart fue a una habitación contigua donde se encontraban varios amigos y les dijo: «¡Escuchadle! ¡Este muchacho dará que hablar al mundo!«.

P.- Entonces, ¿pudo vivir sólo de su talento?
R.- En efecto, llegó a ser uno de los pocos músicos que consiguió vivir únicamente de su trabajo. Siempre dependía de mecenas, que eran algo así como los patrocinadores para los deportistas actuales. Según la costumbre, el artista tenía que dedicar a sus mecenas obras escritas expresamente para ellos, a cambio el músico se alojaba en sus casas y recibía dinero al contado o en forma de pensión. Además trabajaba dando clases y parece que esto no le gustaba demasiado.

P.- Fue una persona atormentada, ¿fue debido a su sordera?
R.- En su testamento él habla de su enfermedad cómo la «secreta causa» que le hace llevar una vida solitaria y tener una apariencia de «rencoroso, insociable o misántropo». Dice: «Cómo resignarme a la merma de un sentido que en mi mocedad era de una perfección absoluta..» Sin duda quedarse sordo para alguien que vive por y para los sonidos, supone llegar al borde de la desesperación; en su diario aparece algunas veces la idea del suicidio.

Pierde el oído a los 32 años y hasta entonces su vida no había sido precisamente feliz. Su padre, brutal y alcohólico le obliga a estudiar solfeo durante horas y cómo quiere convertirle en genio, cree que debe de saber tocar todos los instrumentos y en cuanto domina uno lo pone a estudiar otros. A veces vuelve borracho por la noche y despierta al pequeño Ludwig, obligándole a tocar. Cuando tiene 16 años muere su madre, que tenía 40, de tuberculosis, y él se hace cargo de sus hermanos y de su padre, respondiendo a la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte. Se enamora varias veces, pero siempre de mujeres de la aristocracia y es rechazado, porque entonces una mujer aristócrata no podía casarse con un hombre de baja cuna. Siempre deseó tener un hijo, pero no lo consiguió. Aunque adopto a su sobrino Karl, que después de un intento de suicidio rompe las relaciones con su tío definitivamente.

Con sus alumnos tenía mal carácter, llegando a humillarlos. La escritura de sus partituras es sucia y desordenada, lo mismo ocurre con su casa y le cuesta llegar a mantener criados. Se cuenta que unos amigos encontraron sobre su piano un trozo de mantequilla envuelto en una partitura, era la Novena Sinfonía. Si a esta biografía, añadimos la sordera entendemos perfectamente su tormento interior.

 

Nota final de Daniel Rubio
A fin de cuentas, pienso que queda totalmente claro el mérito que este genio se merece, ya que no sólo consiguió sacar adelante su vida y esquivar todos los problemas que le se le presentaron, sino que además logró ser un genial músico y compositor, que supo utilizar su talento. La gente tanto actual, cómo de su época ha sabido tener en estima a Beethoven tal y cómo se merece, hasta el punto de ser conocido en el mundo entero y su música.

 

Trabajo original