Redactora, presentadora y exdirectora de Informativos de TVE, Begoña Alegría es una de las periodistas con mayor recorrido de España y una crónica viva de nuestra historia más reciente. Responde a las preguntas de dos alumnas de 2º de Bachillerato del colegio La Salle de Santander para desgranar una carrera marcada por la vocación y la resiliencia.
En esta charla, que transcurre con la cercanía de quien ha decidido “humanizar” la noticia, la que fuera corresponsal en Roma recuerda el impacto personal de las amenazas terroristas que la obligaron a abandonar su tierra y reflexiona sobre el nuevo rumbo del Vaticano bajo el pontificado de León XIV. Entre anécdotas sobre la conciliación familiar en momentos históricos, como el secuestro de Miguel Ángel Blanco, y su visión sobre la irrupción de la Inteligencia Artificial, Begoña Alegría nos ofrece una lección de periodismo con «alma»: ese que no solo busca el dato, sino que aporta el contexto necesario para entender un mundo en constante cambio.
Pregunta.- Comenzaste tu trayectoria trabajando en el País Vasco a finales de los años 80. Estamos estudiando historia de España en 2º de Bachillerato y tratando etapas como el franquismo, la transición y los primeros gobiernos en democracia; años que estuvieron marcados por el terrorismo, sobre todo de ETA. Para una generación que no ha conocido estos años, ¿cómo explicarías o definirías que era ETA?
Respuesta.- ETA era clarísimamente una organización terrorista que mataba con el objetivo de conseguir la independencia del País Vasco. Evolucionó en los tiempos que me tocaron vivir a mí, que algunos bautizaron como los tiempos de plomo. Había muchos muertos y aunque, inicialmente, los objetivos estaban delimitados a ciertas personas, sobre todo policías, luego empezaron los atentados masivos. Tenemos los ejemplos de Hipercor o el de la casa cuartel de Zaragoza. ETA nació durante el franquismo, como una organización que se oponía a la dictadura de Franco pero, una vez desaparecido el franquismo, se dividieron entre los que querían entrar en política y los que querían seguir usando las armas. Y ganaron los de las armas. Fueron años difíciles y afortunadamente ya han pasado. Desde el año 2011 anunciaron que ya dejaban de matar, lo que ellos llamaban «la lucha armada». En vuestros tiempos es difícil explicar eso, ¿no? El lenguaje propio que utilizaban, y en el que caías a veces. Porque a veces nos dejamos engañar, utilizamos lenguajes que nos vienen dados pero, si lo piensas bien, «lucha armada», «organización de liberación nacional», son los términos que se daban ellos. Como decís, me tocó vivir ese momento, yo que prácticamente acababa de salir de la Facultad. En el País Vasco hubo muchos atentados. Hubo un momento en que me llamaban “la chica de los atentados” porque abría los Telediarios con noticias de muertos a manos de ETA. Afortunadamente, vosotras no lo habéis vivido de cerca. Entonces, cuando se hablaba de un atentado: ha muerto un policía, ha muerto un guardia civil, ha muerto este, aquél… Llegó un momento en el que el jefe de informativos que estaba en ese momento en el centro del País Vasco, dijo: vamos a poner nombre a las personas, porque son personas las que están matando. Pepito Pérez tenía mujer, dos hijos, el más pequeño había cumplido dos años y acababan de celebrar su cumpleaños… Se trataba de humanizar a las víctimas, ¿no? Porque es verdad que durante mucho tiempo convivíamos con el terrorismo como si fuera una normalidad y no lo era. Me hace gracia que ahora me hagáis recordar esos tiempos porque los tenía archivados en el disco duro.
P.- A partir de los años 80 muchos periodistas fueron objeto de amenaza por parte de ETA e incluso su objetivo. En el año 2000, asesinaron a José Luis López de la Calle, seguro que conoces el caso, y esto provocó que muchos profesionales tuvieran que abandonar el País Vasco. ¿Cómo recuerdas esos años y qué impacto tuvo en tu trabajo y en tu vida personal?
R.- Bueno, pues tuvo un impacto muy directo porque yo también tuve que abandonar el País Vasco. En aquella época yo tenía un hijo que había cumplido dos años y acababa de dar a luz a otro que había nacido en julio del año 1997. Mi marido también es periodista y entonces era el jefe de informativos de TVE en el País Vasco. Un día nos llamó la Guardia Civil y nos contó que habían detenido a un comando de ETA que nos había estado haciendo un seguimiento. Entonces, el consejo que nos daban era que tuviéramos cuidado, que cada vez que cogiéramos el coche miráramos por debajo, que no hiciéramos las mismas rutas. Era algo que contaban los policías que trabajaban en el País Vasco, entendías que iba dentro de la profesión, pero cuando te toca a ti directamente las cosas cambian, ¿no? Entonces ya te pones más en su piel. Y tú puedes vivir así, y no quieres irte de tu tierra, pero nosotros pensamos en nuestro hijo de dos años, que se acostumbró a poner la rodilla en el suelo y mirar debajo sin saber lo que estaba haciendo. Y como esta empresa, RTVE, es muy grande y tiene muchas oportunidades de trabajo, nos ofreció la posibilidad de trasladarnos a Madrid. Fue tomar una decisión difícil a la que te empujan sobre todo los demás, porque tú siempre tiendes a decir no, a mí no me arrancan de mi sitio; yo hago aquí mi trabajo, lo seguiré haciendo, pero son los demás los que te dicen: tengo miedo por los hijos. Porque de verdad esto va en serio y son los demás los que te empujan a tomar la decisión. Y la tomamos. Recuerdo que cuando ETA anunció que iba a dejar de matar, yo estaba trabajando en Madrid y fui con un equipo de periodistas para apoyar al centro territorial y contar eso, que era una noticia de gran alcance y que tenía muchas vertientes y cuando fui pensé: «qué bien, ya no va a seguir pasando esto que me pasó a mí y que ha pasado a tanta gente. Ya no le va a pasar a nadie más». La verdad es que fue muy especial vivirlo.
P.- En las últimas semanas, es noticia que a algunos terroristas responsables de importantes atentados se les está concediendo el tercer grado y podrán salir de la cárcel. ¿Cómo crees que asimila la sociedad esto?
R.- Bueno, es que la sociedad es muy grande, ¿no? Por una parte, es verdad que se están cumpliendo las leyes que nos hemos dado, tenemos un sistema democrático y un parlamento que aprueba leyes, y el tercer grado entra dentro de lo que es legal.
En cuanto a la sociedad, pues hay una parte de la sociedad en el País Vasco que tiende a normalizar, han pasado los años desde 2011 cuando dejaron de matar. Pero luego están las víctimas directas, las personas que han perdido un marido, un padre, un hijo, un abuelo, lo que sea, y ven en sus pueblos o en sus barrios a esas personas, los asesinos, a las que les reciben como héroes. Gestionar eso es difícil. Puede que no se consiga nunca, que eso te lo guardes y lo hereden tus hijos. Pero, por otra parte, como decía, la sociedad es muy grande y la mayoría de la sociedad del País Vasco quiere disfrutar de la paz que se está viviendo ahora.
Hubo momentos en los que las leyes eran más duras para que un terrorista alcanzara el tercer grado. Tenían que desvincularse de la organización, tenían que pedir perdón a las víctimas. Algunos lo hicieron. Ahora que la organización terrorista como tal ya no existe, eso ha cambiado, ha desaparecido el alejamiento de las cárceles y el tercer grado es más común, pero es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar porque son las leyes que están encima de la mesa, aunque entiendo que sea duro para los que han perdido a un ser querido.

Begoña habla de sus primeros años como periodista en el País Vasco.
P.- Vamos a tratar un tema. Hace poco informabas desde Chipre del ataque a Irán a una base británica. ¿Crees que Irán atacará a otros países europeos?
R.- Esperemos que no, ¿eh? La verdad es que es un conflicto que nos ha sorprendido un poco a todos y creo que nadie sabe cómo va a terminar. Yo tengo la esperanza de que no vaya a más y sobre todo porque la postura que se ha adoptado en Europa es la de desvincularse un poco de Estados Unidos y de Israel, que son los que dieron el paso de atacar a Irán. No sé si es sólo mi esperanza pero voy a decirte que creo que no. Aunque el daño ya lo estamos sufriendo, que os voy a decir del encarecimiento del combustible, porque se puede hacer daño de muchas maneras, pero no veo que nos caigan bombas en Europa en estos momentos.
P.- ¿Crees que existe temor en el Mediterráneo oriental ante un posible ataque de Irán?
R.- Yo creo que no y es algo que palpas en el ambiente. Por ejemplo, hablabais en el caso de Chipre; cayeron unos drones en una de las bases que tiene Gran Bretaña ahí en Chipre, pero que es suelo británico. Y sin embargo, estuvimos haciendo por ahí reportajes y no había ninguna sensación de miedo entre la población que lo tienen más cerca. Y yo creo que eso es extensible un poco al resto de los países de la zona. No hay esa sensación de que vaya a haber un ataque por parte de Irán.
P.- Y ya orientándonos más a la Unión Europea y a la OTAN. ¿Qué circunstancias tienen que darse para que la OTAN entre en guerra con Irán?
R.- La OTAN tiene sus principios y si se ataca a un país de la OTAN y ese país pide ayuda a la OTAN tiene que intervenir, ¿no? En el caso de Chipre y de esa base británica que atacaron, si el Reino Unido, como miembro de la Alianza hubiera pedido que le defendiera, la OTAN tendría que haber entrado en la guerra. No se ha producido el caso y yo creo que están intentando contenerlo precisamente para evitar que la escalada se amplifique mucho más.
P.- Vamos a centrarnos en tu trayectoria profesional. A lo largo de tu vida has sido redactora, presentadora, corresponsal y directora de informativos. ¿Qué puesto te ha enseñado más?
R.- Yo aprendo de todo. A mí me gusta hacer de todo y los cambios además me sirven a ello. Cada puesto te sirve para aprender aunque, por supuesto, son muy distintos. Pero dentro de la carrera como periodista, como informadora que soy, pues en todos los puestos siempre he hecho algo diferente. No me gustaría anteponer uno sobre otro. Evidentemente, el puesto de directora de informativos es un puesto de muchísima responsabilidad, abarcas mucho y sobre todo en los Informativos de Televisión Española. Pero me gusta también quedarme con las cosas pequeñas. Yo ahora que estoy trabajando como corresponsal, que desde fuera parece que el título de corresponsal tiene cierta importancia, en el fondo me considero como una becaria. Desde el primer momento, cuando vine aquí y empecé a trabajar, recordaba mis primeros pasos en la profesión. Porque estás aprendiendo, todo es nuevo en un nuevo país ¿Cómo se trabaja, cómo se consiguen las noticias, cómo se consiguen las entrevistas? Porque un día estás haciendo alta política, otro estás haciendo un reportaje en la calle hablando con la gente, un día una pieza de cultura, otro una de economía… Estás haciendo de todo y por eso siento que es como volver a ser una becaria. Yo creo que eso es además bonito, ¿no? Porque tener ese espíritu de aprender siempre, a mí me sirve.
P.- ¿Has notado que en tu profesión hayas tenido menos oportunidades o más críticas por el hecho de ser mujer?
R.- No, en mi caso no. Yo no he sentido que haya perdido oportunidades por ser mujer. Además, en esta profesión periodística somos muchas las mujeres y yo creo que en las facultades de comunicación hay más mujeres que hombres. Y yo he tenido la fortuna de que no he tenido ningún problema. Como sabéis, he llegado a ser directora de informativos y, de hecho, cuando ejercí en ese cargo mi equipo de confianza la mayoría eran mujeres. No he tenido ningún problema, pero eso no quiere decir que no existan, porque los hay en todas las profesiones, incluida ésta.
P.- Begoña, tienes una trayectoria profesional muy extensa, pasando por diferentes responsabilidades y campos. Podríamos decir que eres una periodista de raza. ¿Cómo crees que la inteligencia artificial puede afectar a tu profesión?
R.- Pues espero que influya para bien, que podamos sacarle lo bueno a esta herramienta para nuestro trabajo, pero no creo que nos vaya a suplantar. Hace poco hicieron un experimento en un periódico italiano, hicieron un periódico totalmente escrito con inteligencia artificial. Y aparentemente tú lo lees y dices, bueno, pues es la típica información que se ve habitualmente. Pero luego te das cuenta de que le falta el alma a lo que está escrito. En la televisión tú puedes poner un robot que haga de presentador, sí. Pero también le faltará el alma. Y más ahora, que hemos conseguido que los informativos sean más cercanos a la gente que nos está escuchando. Estamos tratando de tú a tú, no estamos hablando a una cámara, estamos dirigiéndonos a las personas, uno a uno y eso no lo va a conseguir la inteligencia artificial.
P.- En relación con este tema. ¿Cómo interpretas la evolución de los informativos hacia un modelo más de autor en el que presentadores como Pepa Bueno, Carlos Franganillo o Vicente Vallés incorporan análisis y enfoque propio? ¿A qué factores crees que responde este cambio en la manera de contar la actualidad?
R.- Es verdad que se hace análisis, pero sobre todo yo lo llamaría dar contexto. Estos informativos son necesarios porque la información necesita ponerse en contexto. En Roma yo podía contar que había subido la gasolina dos euros, o más, ¿y qué? Tenía que contar cómo estaba antes, como ha evolucionado, por qué. Y comparar con lo que pasaba en España. La información es fría y yo creo que los informativos ganan en riqueza si a la gente le explicas el porqué. No os voy a acusar, pero en este mundo que os toca vivir los jóvenes se informan mucho a través de un titular y sabemos que la inteligencia artificial nos llena de contenido que nosotros buscamos, es decir, te lo devuelve y al final te está retroalimentando y no sabes si ese círculo está desconectado de la realidad. Por eso yo creo que estos informativos que se hacen, en el que pones contexto y analizas lo que está pasando, son muy necesarios en estos momentos. Pero sobre todo lo más importante es contar la verdad. El dato sí es importante, y cuando tú estás contando algo lo primero de todo es que sera cierto. Y cuando hablas de análisis no estamos hablando de opinión, estamos hablando efectivamente de contexto. Creo también que a la gente le gusta eso que os decía antes de que el periodista cuenta las cosas un poco más directamente. Habéis hablado de Pepa Bueno que ha regresado a Televisión Española pero ya en el año 2011 fue pionera en hacer este tipo de informativos en el que explicas las cosas, ¿no? No solo cuentas lo que pasa, sino que explicas lo que pasa y por qué pasa, qué hay alrededor. En ese año, cuando Pepa presentaba el Telediario, nos dieron un premio súper importante que era el mejor informativo internacional, estuvo por encima de la BBC y de la CNN de aquel momento. Y ese modelo veo que ha crecido, se ha implantado y repito, me parece necesario que a la gente se le expliquen bien las cosas.
P.- Cuando recibisteis el premio Ondas por la cobertura del último cónclave mencionaste a tu familia. En una profesión tan exigente como la tuya, ¿Cómo gestionas esta relación entre lo laboral y lo familiar?
R.- Pues como se puede, jejeje. Bueno, ha habido en mi vida diversos momentos, aquellos en los que estás más presente y otros más ausente. Como decía, mi marido también es periodista, con lo cual ha sido por doble partida la ausencia. Os puedo contar anécdotas para que os hagáis una idea, porque esta profesión es exigente y si le das un poco te va a pedir más. El día en que secuestraron a Miguel Ángel Blanco, yo estaba trabajando en el Centro Territorial de TVE en Bilbao. Era verano, era julio, y teníamos solo un informativo de mañana. Ya era por la tarde, y yo había salido ya de trabajar, estaba embarazada y había ido a recoger a mi hijo mayor. Estaba en un parque al lado de la tele. Y entonces saltó la noticia, han secuestrado a un concejal del Partido Popular, dicen que, si no acercan a los presos de ETA, lo matan en tres días. Bombazo, porque es que hasta la fecha no se había vivido una situación similar. Entonces, como estaba en el parque con las madres de otros niños, le dije a una de ellas, voy un momentito a trabajar porque parece que esto es gordo, ¿te importa quedarte con mi hijo? Sí, sí, pues pon que fueran las seis de la tarde y solíamos estar allí hasta las ocho de la noche. Y claro, yo subí y aquello fue, imaginaos, me absorbieron. Directos, más directos, llegó un momento en el que dije: «dejadme un momentito, que tengo que ir a recoger a mi hijo». Una de las madres del parque me vio un poco agobiada y se ofreció a llevarse a mi hijo a su casa. Yo apunté su dirección en un papel y le dije: «mañana envío a la chica que le cuida para que lo recoja». Entonces, tú piensas, «qué madrastrón soy que abandona el hijo así ¿no?» Y es verdad que la noticia era la noticia, o sea, no había escapatoria posible ahí, había que contarlo y había que estar al pie del cañón. Bueno, pues eso, como os digo, ahora se ha convertido en una anécdota que la cuentas, que te hace gracia y te recuerda que sí, hay veces que esta profesión absorbe mucho. Y cuando en los Ondas lo dediqué a mi familia es porque también estoy menos con ellos, no voy mucho a España porque basta que te marches de la corresponsalía para que pase algo, ¿no? Suelo ir en Navidades, en verano y basta. Me he perdido bodas, bautizos y comuniones familiares e incluso alguna vez han venido a verme y yo tenía un viaje de trabajo fuera, como esta última vez en que me mandaron a Chipre. Acababa de venir mi marido a verme, venía dos semanas y yo me voy cinco días a Chipre. Por eso me sentía un poco en deuda con la familia que te ha soportado esos momentos de ausencia y que te quiere también por eso, ¿no?
P.- Al preparar esta entrevista, hemos descubierto que en el ámbito de los corresponsales hay perfiles, pues muy específicos como el del Vaticanista. ¿Cómo definirías tú esta figura y qué cualidades crees que debe reunir un periodista especializado en el Vaticano?
R.- Bueno, ya sabéis que los Vaticanistas son los periodistas que están acreditados ante la Santa Sede, especializados en la religión católica. Es como cuando decías tú periodista de raza, esta sí que es una raza, porque el verdadero vaticanista es una persona que sobre todo tiene que tener mucha profesionalización y mucha especialización, hace falta tiempo y paciencia, sobre todo. Yo no me considero vaticanista de pura cepa, yo me considero vaticanista a tiempo parcial. Porque, por ejemplo, el año pasado, cuando cubrimos la muerte del papa y el cónclave tuve que hacer una inmersión vaticanista para no perderme nada. Necesitas entender bien todo lo que rodea ese mundo del Vaticano que tiene sus peculiaridades. Y en ese momento me tuve que poner las pilas rápidamente y leí todo lo que se ponía entre mis manos de cómo eran los cónclaves de ahora de hace 100 años, de hace 400 años… En ese momento absorbes todo lo que puedes, intentas hablar con unos con otros. Y como te digo, lo hago a tiempo parcial. En ese momento era necesario, pero es que yo tengo un defecto, entre otros muchos, tengo una memoria de pez y me lo aprendo todo para el momento pero luego pasan dos meses y se me ha olvidado. Si mañana tuviera otro cónclave me tendría que volver a empollar todo eso. A los vaticanistas de pura cepa no les pasa eso, en el chat que compartimos de vez en cuando te encuentras preguntas sorprendentes. Oye, ¿sabéis si han enviado ya la prédica de cuaresma del Papa? Entonces tú dices, ¿de qué estamos hablando? Ellos controlan cada detalle de lo que pasa cada día en el Vaticano, lo que hace el Papa en cada momento y es una información muy absorbente para ellos. Por eso digo que no puedo ser un vaticanista a tiempo completo porque, como sabéis, en la corresponsalía de Roma no hay más que un equipo, el corresponsal, el cámara y la productora que atienden todo tipo de información, además de la del Vaticano. Y volviendo a la pregunta, yo creo que un vaticanista se distingue por esa especialización hasta el más mínimo detalle, por cultivar sobre todo las fuentes, por tener mucha paciencia y buscar también la verdad dentro de este mundo, que como en todo hay mucha diplomacia, la diplomacia vaticana.
P.- En el mundo periodístico, ser el primero en dar una noticia tiene mucha importancia e influencia. ¿Qué supuso para ti ser la primera en anunciar el final del Papa Francisco?
R.- Yo creo que cada vez es más difícil dar primicias y yo ahora no le doy tanta importancia. Le puedo dar mucha importancia al hecho de haber descubierto un tema propio, pero ser la primera en decir que ha muerto el Papa o ser la primera en decir el nombre del nuevo Papa no lo es tanto. Es dirigirte a tus espectadores y contar bien las cosas, porque también los tiempos de la televisión son distintos a los de otros medios. Ahora, además, enseguida coges el móvil y haces un tuit. Pero yo no soy periodista de tuit, yo ejerzo otro tipo de periodismo. Entonces, no me pego por dar la primera las noticias sino por darlas bien, por enterarte bien y explicar el contexto. De hecho, no veo entre nosotros mucha pelea por «voy a ser el primero», ¿no? En realidad, no sé otros periodistas qué pensarán de esto, pero yo en el mundo en el que me muevo, sobre todo aquí y con los compañeros con los que trabajo, no nos pegamos ni nos pisamos unos a otros por dar los primeros las noticias. Os voy a poner un ejemplo: cuando el Papa hace un viaje, suele dar una rueda de prensa en el avión de regreso al Vaticano. Y a esa rueda de prensa le ponen un embargo de dos o tres horas a partir del momento en que bajas del avión. A muchos nos parece absurdo pero todos los vaticanistas lo respetan. Y ninguno da ninguna exclusiva.
P.- Durante sus casi 12 años de mandato, el Papa Francisco visitó casi todos los países europeos y americanos. Incluso estuvo presente en África y Asia, pero, sin embargo, Alemania y España fueron los dos únicos países de la Unión Europea a los que Francisco no visitó. Se ha especulado mucho sobre los motivos por los cuales el Papa Francisco no vino a nuestro país. ¿Cuáles crees que fueron las causas?
R.- No me gusta entrar en especulaciones. Yo creo que fue una cuestión de oportunidad; estaba previsto el viaje y, de hecho, lo había dicho, no recuerdo si en público o en privado, que quería ir a Canarias. No llegó a tiempo porque murió antes de cumplir su deseo. El Papa Francisco siempre elegía sitios donde no se le esperaba, sitios pequeños, sitios donde hubiera gente necesitada, salvo estos viajes cortos que ha hecho también por Europa para cosas muy concretas. Por eso hizo ese viaje a Oceanía, a esas islas pequeñas donde hay tantos problemas con el cambio climático, islas que habían desaparecido en el Pacífico. Francisco focalizaba su preocupación y luego elegía el país donde esta preocupación era verdaderamente un problema. Y para España lo quería focalizar en Canarias, porque una de sus preocupaciones era la inmigración. El viaje organizado por el Papa León XIV en el mes de junio incluyó esa etapa de Canarias un poco como que se lo debía al Papa Francisco, ir allí y conocer de primera mano qué está pasando allí con los que llegan, con los niños no acompañados, y cómo se gestiona el tema.
P.- Sabemos que el último cónclave fue más breve de lo previsto. Las películas, ‘Los dos papas’ y ‘Cónclave’ nos acercan a lo que se vive en el Vaticano en estas circunstancias. En noviembre informabas de la publicación del libro, ‘El último cónclave’ de Gerard O’Connell y Elizabeth Piqué. Más allá de las anécdotas, ¿qué hay de cierto en lo que nos muestran?
R.- Bueno, seguramente hay mucho de cierto en lo que vemos, evidentemente la película ‘Cónclave’ lleva un asunto al extremo, pero esas negociaciones que hay existen dentro del cónclave, dentro del Vaticano, esas maniobras, porque evidentemente la iglesia tiene distintos sectores, más conservador, menos conservador, más aperturista o menos. Y estas facciones quieren un papa acorde a sus ideas y eso se mueve dentro. Lo que ocurre es que el cónclave refleja bien claro lo que buscan, cerrarse con «clave», con llave, se les quitan todos los aparatos que les puedan conectar con el exterior y en teoría no se sabe nada de lo que pasa dentro. Además los cardenales firman un documento diciendo que no van a contar nada, que luego al final se va contando de una manera u otra. Lo hizo el papa Francisco, que contó muchas de las cosas que pasaron en el cónclave en el que fue elegido. Y es que no olvidéis que la Santa Sede es una monarquía absoluta: el papa puede hacer lo que quiera, no está obligado al secreto. Si el papa León XIV, en un momento dado, quiere contar todos los detalles de lo que pasó cuando fue elegido, los contará. Y también, si tienes confianza con alguno de los cardenales que estuvo allí, algunas cosas se van filtrando Y sí, sí existen esas maniobras internas dentro del Vaticano, y muchas más seguramente, la realidad supera la ficción pero nunca lo podremos confirmar.
P.– El pasado mes de febrero entrevistaste al nuevo capellán del papa de León XV, el sacerdote español Fermín Gómez Melado, quien describió a Robert Prevost como el pontífice de la escucha. Si tuvieras que seguir tú al santo padre, ¿cómo lo describirías?
R.- Pues es un papa reservado, que se piensa las cosas dos veces antes de hacerlas. No diría que es tímido, aunque algunos sí lo consideran tímido. Yo cuando me dijeron que era matemático, lo entendí. Como tengo un hermano matemático ya sé que las personas que se manejan entre números son diferentes, todo tiene que estar acreditado, se piensan mucho las cosas y hasta que no le cuadran los números no dan el paso adelante. Y esto lo diferencia un poco del papa anterior, de Francisco, que era mucho más impulsivo, sobre todo en la palabra. Desde el primer momento, si os fijáis en la intervención que tuvo León XIV nada más ser elegido. cuando salió al balcón en la basílica de San Pedro, tenía un discurso escrito, deja poco a la improvisación. Es un papa que maneja sus tiempos, como decía, que es reservado y que tiene paciencia. Por eso estoy convencida de que hará muchas cosas.
P.- En cuanto a la visita de León XIV a España, uno de los que nos ha sorprendido es la petición del papa de visitar al Congreso de los Diputados. ¿Por qué crees que ha querido hacer esto el papa?
R.- No lo sabría decir. Yo creo que es simplemente una representación institucional dentro del programa del viaje. Porque el papa, además de ser el padre espiritual de la Iglesia Católica, es también un jefe de Estado y habla en los foros políticos. Tampoco sé si lo ha pedido él o le han invitado y ha dicho que vale. Tengo mis dudas.
P.- ¿Quizás quería dar un mensaje a los españoles?
R.- Yo creo que todos los actos en los que participa va a dar un mensaje, cada uno acorde al sitio en el que está, que pueda ser más político o menos político, dependiendo del lugar en el que esté. A veces tenemos la impresión de que este papa, al ser diferente al papa Francisco no está dando titulares, no es tan directo, pero sí que ha tenido mensajes muy claro. Recuerdo un discurso en la FAO hablando de la guerra fue muy duro cuando decía aquello de que no se tenía que utilizar el hambre como arma de guerra cuando estábamos viendo todos los días imágenes de guerra en Ucrania, en Palestina. Eran los momentos en que no llegaban las ayudas humanitarias a Palestina, veíamos imágenes de niños sufriendo y es ahí donde quiso poner el foco. En Canarias está claro que es un mensaje en defensa de los inmigrantes, porque los papas siempre han defendido la acogida de todos, y luego en Barcelona el objetivo es más concreto, con motivo del centenario de Gaudí, bendecir la última torre y la cruz que se colocaron en la Sagrada Familia.
P.– Ya para terminar, después de todo el camino que has recorrido en tu carrera profesional, ¿qué consejos nos darías a nosotras que vamos a empezar la nueva etapa de la universidad?
R.- Seguir vuestro instinto. Es verdad que es fácil decirlo y luego confrontas el instinto con la realidad y nunca se consigue tu objetivo. Quizás yo he vivido un tiempo en que era más fácil encontrar trabajo en lo que te gustaba, he tenido mucha suerte en este sentido. Es difícil de aconsejar lo que tú has vivido porque puede que no lo vivas, pero yo creo que hay que seguir siempre hasta donde se pueda el instinto y la vocación. Si realmente tienes vocación. Ahora hay muchos caminos abiertos, incluso dentro del periodismo, de los medios audiovisuales, los caminos se han diversificado mucho. Antes eras periodista de tele, de radio y de periódico, poco más, y ahora hay nuevas facetas y es más difícil encontrar tu camino. Pero si tienes realmente una vocación, vete a por ella. Y disfruta y disfruta del trabajo, si puedes. Ya sé que estamos hablando de utopías, pero bueno, no está mal también soñar.
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