Hasta hace tres décadas, en los alrededores de la ciudad de Torrelavega existían algunos pequeños humedales que eran una buena zona de descanso para aves migratorias. Pero el llamado progreso humano ha destruido esos espacios considerados necesarios e insustituibles para cierto tipo de aves, sobre todo las acuáticas.

La destrucción sistemática del hábitat de una especie produce, en un plazo más o menos largo, la desaparición drástica de ésta. Una situación semejante ha ocurrido en los alrededores de Torrelavega y en una zona considerable del valle del Besaya. La mitad de las especies ornitológicas ha desaparecido de esta área, aunque es también cierto que la naturaleza, gracias al mecanismo de la evolución, consigue la adaptación de los individuos al nuevo medio, y de este modo, afortunadamente, todavía es posible recrearnos con la presencia de las aves.

En este artículo pretendo analizar la situación de estas aves, sobre todo en lo que se refiere a la difícil situación para su supervivencia en la zona que comentamos.

Las rapaces más comunes en el área de Torrelavega son el ratonero común (Buteo buteo) y el cernícalo común (Falco tinnunculus).
El ratonero, rapaz de considerable envergadura y peso -algunos ejemplares pueden alcanzar el kilogramo- caza pequeños roedores e insectos en los prados que aún quedan en la zona de Viérnoles. El ratonero se ha vuelto una rapaz muy abundante y confiada que caza a pocos metros de las viviendas y hace sus nidos en árboles aislados puesto que disminuyen día a día las masas forestales.
Los cernícalos son parecidos a sus vecinos los ratoneros en cuanto a costumbres, hábitat y alimentación, pero no en peso y cría. Se trata de una rapaz mucho más pequeña -alrededor de 200 grs de peso- que cría en algunas ruinas de la periferia de Torrelavega, raramente sobrevuela la ciudad y se limita a cazar por los prados cercanos. Esta rapaz es fácil de diferenciar ya que tiene un vuelo característico de traslado que alterna con numerosas cernidas y picados en busca de su presa.

A los milanos se les puede ver a menudo por Torrelavega para alimentarse en el vertedero cercano. Yo mismo he reconocido algunos nidos de milano negro (Milvus migrans) y un par de ellos de milano real (Milvus milvus). Se diferencian éstos principalmente en que el primero emigra a África en invierno y tiene una coloración más oscura que el milano real. Además, éste presenta una cola más ahorquillada que el milano negro.

El halcón peregrino (Falco peregrinus) sobrevuela a menudo Torrelavega, pocos metros por encima de los edificios más altos. Hoy mismo he podido comprobar cómo inquieta a las palomas domésticas que sobrevuelan el parque y la Plaza Mayor. Se trata de individuos inmaduros o parejas no reproductoras este año que encuentran en la ciudad un buen abastecimiento de presas, sobre todo en invierno. El halcón peregrino caza estorninos, tanto el negro (Sturnus unicolor) como el pinto (Sturnus vulgaris), los cuales utilizan como dormidero un paseo céntrico de la ciudad.
Este tipo de aves rapaces no cría en Torrelavega; algunos llegan desde los acantilados costeros para cazar. En Cantabria existe una alta población de peregrinos; el censo de 1997 recoge aproximadamente unas 100 parejas. Es muy posible que intenten instalarse en algún pequeño cortado a pocos kilómetros o en algún edificio urbano, ya que he observado numerosos ejemplares posados y desplumando presas sobre edificios tan típicos como la iglesia vieja o las torres de Carabaza. Incluso algunas rapaces adaptadas a vivir en plena naturaleza como el gavilán (Accipiter nisus), que crían en las proximidades de Torrelavega en las últimas muestras que nos quedan del bosque autóctono o en grandes fincas particulares, se mueven alrededor de los pequeños pájaros urbanos como los gorriones y estorninos, protagonizando en algunas ocasiones espectaculares persecuciones ante los ojos de algunos transeúntes, ajenos al dramático desenlace que se produce a pocos metros de ellos.

Pero, sin duda alguna, la rapaz que vuela con más fugacidad por la cuenca del Besaya es el azor (Accipiter gentilis). Esta ave caza en el entorno de la ciudad e incluso en los mismos palomares. Dado que las palomas ya están sobre aviso y se esconden rápidamente al advertir su presencia, el azor se ve obligado a cazar en la misma ciudad. Desde el parque de La Barquera el azor tiende pequeñas emboscadas a una gran cantidad de fauna que puebla este espacio verde de Torrelavega. Últimamente he tenido ocasión de comprobar un comportamiento muy peculiar en el azor; cuando éste se encuentra a unos 200 m y su silueta se destaca en el cielo, se precipita en picado sobre la ciudad y arremete contra las palomas como si de un halcón se tratase e incluso llega a clavarse en el suelo persiguiendo lo que yo me imagino sería un roedor.
El azor de Torrelavega cría a unos 6 o 7 Km de la ciudad, pero visita ésta con bastante frecuencia, y esperemos que siga siendo así por mucho tiempo.
Las rapaces nocturnas también rondan nuestros alrededores. Numerosas parejas de mochuelo común (Athene noctua) cazan en los prados y cercanías de la ciudad. También la lechuza común (Tyto alba) se alimenta en el dormidero de estorninos y gorriones.

Una rapaz nocturna que me sorprendió encontrar en las cercanías de Torrelavega fue el cárabo común (Strix aluco). Se trataba de un pequeño pollo caído del nido que yo mismo recogí y recuperé en una cámara para después ser liberado.

Existen además numerosas especies ornitológicas de pequeño tamaño que voy a nombrar pues son muy difíciles de observar: la tórtola común (Streptopelia turtur), tórtola común (Streptopelia decaocto) que hasta hace pocos años no habitaba en nuestro país pero que ahora está siendo cada vez más habitual. También son fáciles de encontrar las urracas (Pica pica), que incluso crían en nuestro parque.

A pesar del carácter industrial de Torrelavega y de las amenazas ecológicas que vemos a menudo, lo cierto es que la capital del Besaya continúa siendo un hábitat muy especial para numerosas especies ornitológicas. Para los lectores más interesados, cito las más importantes: el mirlo común (Turdus merula), el zorzal común (Turdus philomelos), el carbonero común (Parus major), el herrerillo común (Parus cacruleus), el pinzón vulgar (Frinjilla coelebes), el jilguero (Carduelis carduelis), el lugano (Carduelis spinus), el gorrión común (Passer domesticus), el gorrión molinero (Passer montanus), el petirrojo (Erithacus rubecula), colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) y la lavandera blanca (Motacilla alba).

Aparte de estos pequeños pajarillos, si visitamos los ríos de Torrelavega podremos encontrarnos también con algunas aves acuáticas interesantes. El río Besaya a su paso por la fábrica de Sniace alberga zonas con abundante vegetación ribereña y, aunque estos parajes están muy contaminados, se pueden observar aves tan peculiares como las garzas reales (Ardea cinerea), la garceta común (Egrettan garcetta) y un pequeño bando de ánades reales (Anas platyrhynchos), junto con fochas comunes (Fulica atra), pollas de agua (Gallinula chloropus) y zampullines chicos (Tachybaptus ruficollis) que crían en algunas zonas del río y lo comparten con las gaviotas reidoras (Larus ridibundus) y argenteas (Larus argentatus). Estas dos especies son muy habituales en la comarca. También se pueden observar con alguna frecuencia al martín pescador (Alcedo atthis), que sobrevuela el río a gran velocidad y cuya presencia me parece casi inexplicable dados los altos índices de contaminación que presentan las aguas del Besaya. El martín pescador llega a anidar incluso en algunos lagos cercanos al caudal fluvial, compartiendo espacio con los carpines dorados.

En estas mismas zonas del río es corriente observar al más terrestre de los pájaros carpinteros: el pito verde (Picus viridis), y a algún pequeño grupo de arrendajos comunes (Garrulus glandarius), cada vez más escasos en la comarca.

Desde hace una semana, todas estas especies de aves, junto con toda la fauna y flora que aún subsisten en el degradado río, se están viendo cada vez más amenazadas por la marcha del llamado progreso técnico y de los desastrosos encauzamientos que se están llevando a cabo en nuestro río y que ponen en peligro la vida de los últimos habitantes del Besaya y su entorno.

Esperemos que los ténicos e ingenieros que llevan a cabo estas obras piensen un poco más en el río y sus moradores, y que el sentido común y el respeto por la vida animal esté siempre presente en cualquier tipo de proyecto que se pretenda llevar a cabo en un espacio tan amenazado como éste. Sólo así, los amantes de la naturaleza podremos seguir admirando y disfrutando del enorme placer que significa, por ejemplo, ver al halcón oteando y cazando en el cielo de nuestra ciudad.

Trabajo original