El mundo clásico grecolatino sentó las bases de nuestra realidad hace ya muchos siglos. Este artículo de una alumna del IES Ricardo Bernardo de Solares reflexiona sobre la vigencia de la mitología, especialmente sobre el papel de la mujer, marcado ya desde entonces por tintes misóginos.
El amor ha sido y será siempre uno de los temas de mayor importancia en la literatura universal, pues es trascendental. No importa cuánto tiempo pase, seguirá habiendo amores y desamores en la vida de las personas. Tanto es así, que siempre parecemos recordar primero a aquellas figuras que lo representan, o ¿acaso no siempre se pide suerte en el amor a quién pueda darla?
Así, cuando se pide mencionar dioses, siempre sale una en particular: Afrodita, o Venus, en su versión romana. ¿Acaso no es el amor lo que suele llamar más la atención de las personas? Incluso a día de hoy hay quien sigue pidiéndole a la diosa suerte en su dominio: una mayor belleza, amores verdaderos o encontrar al indicado/a, pues el culto al amor y a la belleza es algo trascendental. Pero la figura de la áurea Afrodita no es solo algo presente en el culto o en la mitología, sino una representación y humanización del concepto del amor y la belleza que ha perdurado a lo largo de los siglos, incluso tras la caída de aquellos que activamente la adoraban.
El relato más usual del nacimiento de Afrodita nos lo cuenta Hesíodo, en el que la diosa surge de la espuma marina. Fecundada a partir de los testículos de Urano, se forma como una figura hermosa y delicada mostrando su belleza divina ante el mundo, como queda pintado en ‘El Nacimiento de Venus‘, de Boticcelli. Ya desde este relato podemos apreciar la separación de la sexualidad y la atracción de la infancia, naciendo la diosa ya en una edad de juventud o adultez, en la que se comienzan a dar estos sentimientos. También vemos la diferenciación respecto a otras diosas de carácter virginal, que nacen vestidas (como Atenea), se asocian a la niñez y a la juventud temprana (como Artemisa) o a la purificación.
Siguiendo con este tema, una de las cuestiones que suelen aparecer cuando hablamos del sexo en el culto es la idea de la virginidad como mayor estado de pureza. Pero ¿se tiene que ser virgen para ser divina? Afrodita ciertamente no lo era, ni siquiera mantuvo fidelidad en su matrimonio con Hefesto, porque había sido casada con alguien que no quería, una unión entre la más bella y el más feo de los dioses. Es por eso que se dieron las múltiples infidelidades con el dios de la guerra, Ares. Si tomamos a los dos dioses y tan solo les imaginamos como los conceptos a los que representan: el amor y la guerra, ya logramos ver que estos dos han sido relacionados en la literatura durante años, incluso si indagamos más encontraremos epítetos para Afrodita como Ἀρεία (Area), que se traduce a “La belicosa”, viendo ya que hasta se denominaba la conexión entre ella y la guerra (además de su intervención en Troya).
El dominio sobre el amor de Afrodita no solo se le limita, sino que de ella misma nace el dios Eros (Cupido), quien junto a su madre formaría parte de los dioses del amor. Él es quien enamora y desenamora disparando sus flechas. Eros y Afrodita suelen aparecer representados juntos como el ícono de madre e hijo en la mitología griega, pues son quienes no solo representan la atracción romántica, sino también el amor materno filial, especialmente el dado entre madre e hijo. La relación madre e hija la podríamos ver en cambio en diosas como Deméter y Perséfone.
Uno de los mitos más conocidos de Eros, sino el que más, es su romance con la princesa Psique. Siendo él víctima de sus propias flechas por primera vez y lidiando con Afrodita, tratando de romper la relación y queriendo condenar a Psique por su belleza y juventud. En general, tomaríamos este relato como una historia de amor y superación ante una madre celosa, pero si se mira desde el punto de vista de Afrodita podemos ver un problema que a día de hoy se sigue repitiendo: el ver a una mujer más joven y bella como una competencia. Y, analizando múltiples mitos en los que Afrodita aparece, es visible que ni la propia diosa del amor y la representación de la belleza se libra del sentimiento de envidia ante otras mujeres.
Es posible que estas historias se deban a la percepción misógina que caracteriza gran parte de la mitología griega, sin embargo, también nos deja ver cómo estos hábitos siguen teniendo lugar en la sociedad moderna. Es más, una gran parte de estos relatos, aunque fantasiosos, son formas de expresar problemas atemporales. Los dioses son y han sido simplemente reflejos de la sociedad en muchos ámbitos. Afrodita y Eros no dejan de ser interpretaciones muy humanas del amor, la belleza y el deseo. Aun siendo dioses por encima de los mortales, sienten envidia, tienen arrebatos de ira, y, por supuesto, sienten el amor de tantas maneras como son posibles.
Más información:
– El IES Ricardo Bernardo es uno de los 36 centros educativos que participan en InterAulas

https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11221/mitologia-griega/
https://redhistoria.com/mitologia-romana/
https://www.rtve.es/television/20121026/papel-tienen-mujeres-mitologia-clasica/571848.shtml

