«Tal vez no sea cirujana o matemática aeroespacial, pero he conseguido convertirme en una experta del ámbito que realmente me llena y me hace feliz cada día: las humanidades». Dos alumnas de Bachillerato del IES Alberto Pico de Santander argumentan en defensa de las asignaturas de humanidades y letras en el artículo de opinión ‘La varita escoge al mago’.
LA VARITA ESCOGE AL MAGO
¡Oye, tú! Sí, tú que estás leyendo esto. No sé exactamente quién eres ni qué haces leyendo esto, pero te voy a contar una historia que seguramente te suene:
Esto se trata de mí, una niña distraída. A mí lo que me gustaba realmente era leer, ver pelis, escuchar música, jugar videojuegos… lo típico. No me iba tan mal en clase, aunque yo prefería hacer mis cosas.
Poco a poco las clases se fueron poniendo difíciles y dejé de dedicarme a mis pasiones, pero eso me hizo dedicarme a otras nuevas aficiones. Fui pillándole el gusto a estudiar, cada vez tenía más ganas de aprender y la curiosidad me llevaba a investigar por mi cuenta.
Por ejemplo, mi curiosidad aumentó mucho en las clases de Historia, las cuales dejaron de ser simples guerras sin interés y empezaron a ser trepidantes aventuras que me mostraron las maravillas y atrocidades que la humanidad había sufrido. Cada vez era más interesante saber de dónde venimos, y cada vez esperaba con más ganas el futuro. Me fui quedando con más nombres y fechas que me ayudaron a entender mejor el presente y me prepararon para el porvenir. Era fascinante saber que todos esos relatos que los libros me mostraban habían pasado alguna vez. No me creía que todo lo que podía pensar y desarrollar ya lo habían hecho los griegos o los romanos.
Por otro lado, también cambió mi visión de las clases de Lengua, donde descubrí que los libros no sólo tienen muchísima información que aprender, sino que también llevan en ellos aventuras fantásticas que solo podría haber visto en mi imaginación. Es más, al estudiar algunos de ellos en profundidad, aprendí a apreciar el gran valor de cada obra literaria, concretamente al poder entender el verdadero significado escondido tras cada palabra y al poder entender la complejidad del alma humana a través de tantos personajes. Como resultado, dejé de ver las lecturas obligatorias como una tortura para agradecer que me las mandaran leer.
Llegados a este punto las letras ya me tenían muy convencida, pero en casa seguía oyendo comentarios a favor de que me metiera a ciencias. Además, en clase los profesores me animaban a meterme a Física y Química o Biología. Aunque intentara satisfacer a mis superiores, era imposible para mí disfrutar de aquello. Los números y las fórmulas no eran para mí. Porque yo ya sabía lo que realmente me apasionaba, tenía claro que las humanidades ocupaban mi corazón.
En Bachillerato tuve que empezar a dar Filosofía. La inquietud me impedía atender en clase, pues la idea de empezar una asignatura desde cero me asustaba. Sin embargo, tras algunas clases calentando y alcanzando el ritmo de la clase, me di cuenta de que todo lo que se estaba enseñando en el aula ya lo conocía gracias a los libros. No eran las palabras de la profesora lo que me sonaba, sino esos complejos conceptos difícilmente expresables sobre el ser humano. Concepciones tan enrevesadas como la vida tras la muerte o la existencia de un Dios ya habían retumbado mi cabeza años antes por el hambre que tenía y que solo los libros podían saciar. Tras un tiempo disfrutando las clases magistrales del arte de la Filosofía, la asignatura comenzó a ser un paseo para mí. En unos pocos meses ya era sencillo adivinar todas las ideas y planteamientos de autores tan relevantes como Descartes o Kant. Asimismo, esta materia me ayudó a comprender, criticar y dudar del mundo que me rodeaba. Mi cabeza cambió por completo: ya sabía quién era, de dónde venía y a dónde iba.
Por último, y como confirmación de mi unión definitiva con las humanidades, elegí cursar la asignatura de Latín. Tenía altas expectativas sobre esta materia, pero ni en sueños pude haber imaginado un placer tan grande durante el estudio del Latín. Esto se debió a que me di cuenta de la enorme influencia latina latente en nuestro mundo actual. A modo de ejemplo, los romanos nos dejaron valiosas enseñanzas como el famoso tópico tempus fugit, que he podido comprobar con mi propia experiencia y que he sentido muy presente durante estos años.
A pesar de todo esto, aún hoy en día sigo escuchando comentarios ignorantes de individuos de dudoso juicio que ponen en cuestión mi alianza inexorable con las letras. Pero yo ya domino el arte de despreciar a esas personas obtusas y centrarme en lo más importante: honrar todo aquello que las ciencias humanas me han proporcionado. De esta manera he conseguido llegar a lo más alto en aquello que me apasiona, porque tal vez no sea cirujana o matemática aeroespacial, pero he conseguido convertirme en una experta del ámbito que realmente me llena y me hace feliz cada día: las humanidades. Con todo esto aprendí que nuestro paso por la vida es demasiado corto como para preocuparme por satisfacer a los demás dedicando mi valioso tiempo a algo que no me proporciona la felicidad que merezco. No dudes en hacer lo que te apasiona. Carpe diem!
Más información:
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/descartes.htm
https://prezi.com/p/igzgm3rwjmo-/grecia-y-roma-aportes-a-la-cultura-occidental/
https://archivo.interaulas.org/interaulas104/interaulas55/mochila-1.htm

