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Nº 131
OPINION / TRIBUNA LIBRE

Mi humilde propuesta contra la corrupción

Por Cayetano E. Guerra Lavid, alumno de 2ºD de Bachillerato del IES Santa Clara de Santander.

La sátira es fundamental para convencer al público de que lo que está ocurriendo y, contra lo que se argumenta, es verdaderamente una forma de "espejo" donde se mira el lector u oyente y donde lo único que funciona es la famosa máxima de "ver la viga en el ojo ajeno y no la paja en el propio". Cayetano comparte la suya, una "humilde propuesta" basándose en Jonathan Swift para luchar contra alguna de las lacras que no permiten a nuestra sociedad mejorar.

Jonathan Swift.


Un año más desde la asignatura de Literatura Universal queremos devolver a la actualidad al deán de la dublinesa catedral de San Patricio, al increíble escritor Jonathan Swift. Este irlandés escribió 'Los Viajes de Gulliver', la novela de viajes en forma de sátira que supuso para la literatura inglesa lo mismo que 'El Quijote' para la novela de caballerías en España: ambas acabaron con unos subgéneros literarios cuyo declive llevaba años anunciándose.

Pero Swift escribió también otro tipo de historias que lo llevaron a enfrentamientos directos con la reina Ana Estuardo y que lo hicieron pasar de apoyar a los whigs (los laboristas del Parlamento inglés) a formar parte del grupo de los tories (los conservadores del Parlamento). Fueron sus famosas sátiras, entre las que cabe destacar: 'Cuento de una barrica' (1703-1705), un ataque a los modernos por considerarlos superficiales; 'La batalla de los libros' (1704), en la que presenta una batalla entre los antiguos y los modernos y en la que Swift se pone del lado de los antiguos, de los clásicos; 'Un argumento contra la abolición del cristianismo en Inglaterra' (1708), que se presenta como un caso para mantener el cristianismo como la religión oficial en Inglaterra (la sátira para Swift deja en evidencia al lector que no comprende el dardo lanzado en su contra, es decir, es una clase de "espejo" donde los que se miran descubren el rostro de todos menos el suyo; así, la sátira es un mecanismo de denuncia de su realidad histórico-social y el método que utiliza, la invectiva, ataca lo que el autor considera ofensas intolerables a la moral, los principios y las creencias que debieran mantener al mundo y a los seres humanos en orden a la vez que tiende una trampa al lector, que debe discernir con perspicacia el juego en el que el propio autor lo involucra; por medio de la retórica de la contradicción, la sátira se erige en una crítica feroz contra todo) y, la más famosa de todas, 'Una humilde propuesta' (1729), a la que cada año dedicamos el comentario más profundo porque me parece verdaderamente intensa y cruel a la vez que de una actualidad verdaderamente increíble.

En esta "humilde propuesta", Swift comienza exponiendo fríamente la triste situación presente: muchas madres mendigan en Irlanda con sus hijos a cuestas; después prosigue con las ventajas que se desprenderían de la aplicación de la medida que se sugiere: los niños dejarían de constituir una carga para sus padres o para el país y ya no se cometerían más abortos ("esa horrible práctica de las mujeres que matan a sus hijos bastardos"). Seguidamente se pregunta con toda crudeza qué hacer para rentabilizar a los niños que cumplen un año de edad ya que no sirven ni siquiera para robar y hasta que cumplan los doce no se les puede vender. Aunque estos razonamientos y la truculenta propuesta que se desprende de ellos sugieren que la mente que los concibió escribía arrastrada por una furiosa crueldad, en realidad constituyen una estrategia deliberada, la anteriormente explicada tras el argumento... Swift, empleando una lógica irreprochable, lleva hasta sus últimas consecuencias justamente la premisa que quiere denunciar: la de que la única finalidad de toda política inglesa en Irlanda consiste en explotar a su pueblo. Pero si Swift escribe al hilo de un razonamiento, no desperdicia, sin embargo, la ocasión de lanzar esporádicas alusiones sarcásticas a situaciones tan sangrantes como el absentismo de los terratenientes ingleses ni pierde la oportunidad de ridiculizar otras muchas situaciones. En esta sátira que nos ocupa, como en otras, es Swift muy minucioso al ofrecer un exhaustivo informe de todas las circunstancias que conciernen a su proyecto: abastecimiento de los mercados, aprovechamiento de la piel de los bebés... La ironía abunda, por ejemplo, al decir que la medida de guisar a los niños "incrementaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos" o que si esta política no nos convence, su ponente está dispuesto a admitir cualquier otra, con tal de que sea "igualmente inocente, barata, fácil y efectiva".

Swift coloca el mundo al revés y hace que el autor ficticio deseche justamente las únicas disposiciones sensatas que permitirían combatir la pobreza de Irlanda.
Esta explicación me lleva de nuevo al principio: ¿por qué propongo cada año a mis alumnos de Literatura Universal una "humilde propuesta" basándonos en Swift para luchar contra alguna de las lacras que no permiten a nuestra sociedad mejorar? Porque creo que la sátira es fundamental para convencer al público que la lee o la oye de que lo que está ocurriendo y contra lo que se argumenta es verdaderamente una forma de "espejo" en la que se mira el lector u oyente y donde lo único que funciona es la famosa máxima de "ver la viga en el ojo ajeno y no la paja en el propio".

De ahí que este curso haya "propuesto" a mis alumnos una sátira contra la corrupción, que se ha presentado como una de las peores manchas de nuestra sociedad; algo contra lo que es difícil luchar porque todos, en algún momento de nuestras vidas, la hemos tenido cerca o demasiado cerca para no dejarnos caer en ella.

Veamos ahora la sátira de Cayetano E. Guerra Lavid (2º D de Bachillerato), la que consideré que representaba de manera más cercana a la de Swift ese ataque contra este terrible lastre social y personal, sin menoscabo de otras muy interesantes de otros alumnos.

 

MI HUMILDE PROPUESTA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Hay muchas cosas que odiamos, como los mosquitos, los exámenes, los días de lluvia, o los lunes, donde todo vuelve a empezar. Aun así, no pasa nada, porque para ello hemos desarrollado sofisticadas soluciones, como los antimosquitos, los paraguas o la función de posponer la alarma cinco minutos más. Pero, ¿qué podemos hacer contra la corrupción?

Una persona de confianza me dijo una vez que veía la solución en que un día llegase un ejército de Inglaterra a España y nos conquistase, pasando a ser ingleses, con sus leyes, costumbres y organización política sólida y en regla. Pero amigos, si ya nos arrebataron Gibraltar no podemos permitir que nos quiten el resto. Y por eso considero esa opción inviable. Así que, parémonos a pensar un momento. ¿Qué es lo mejor que tiene España, a diferencia de cualquier otro país? Ustedes pensarán que hablo de 'El Quijote', pero... no, ¡hablo de la corrupción!

¡Sí! Nos hemos equivocado desde el principio viendo la corrupción como algo malo, una vergüenza, una falta de disciplina y orden, ¡pero no hay país europeo que lo haga tan bien como España! ¡Créanme, estamos a la cabeza!

Ha llegado la hora de mi propuesta, de dar la vuelta a la tortilla y usar nuestra arma secreta para recuperar la estabilidad económica. Para ello, procedo a explicar mi humilde propuesta: necesitaremos a unos cuantos imputados ya acusados. Como he dicho antes, tenemos de sobra, por lo que no será un problema. Entonces, de sus cuentas suizas extraeremos unos 50.000€ por cabeza, que tienen de sobra y ni se van a enterar. Con este dinero contrataremos a los mejores cirujanos del país, favoreciendo de paso nuestro mercado laboral. Les pagaremos una reconstrucción facial total. Quien fuese rubio, será moreno. Quien fuese castaño, pelirrojo. Quien tuviese una nariz prominente, parecerá Lord Voldemort. Vamos, que le dejaremos sin nariz, para que nadie que entre por la puerta del quirófano salga con el más mínimo parecido a como era cuando entró. Este tinglado es necesario porque Alemania y otros países tienen una lista de corruptos españoles entre los que se encuentran nuestros seleccionados.

Y aquí llega la perfección del plan. Una vez que los hemos hecho pasar por personas honradas, sin nada que les pueda hacer parecer que te vayan a estafar millones de euros, estarán preparados para ir a crear empresas fantasma en las que se realicen pagos de estado a empleados inexistentes, y que puedan mantener la mentira durante al menos veinte años, para que varios de esos asalariados ficticios se conviertan en jubilados fantasma que sigan chupando de las pensiones de los países europeos como Alemania, donde estas empresas serían instaladas.

Es verdad, mi humilde propuesta conlleva un proceso a largo plazo. Veinte años ocultándole una mentira enorme a Europa y al resto del mundo. Pero si nos vamos a los números, una empresa fantasma por cada corrupto español, pongamos cien de estos, con unos cincuenta empleados inexistentes más los jubilados ficticios que se vayan dando de baja poco a poco, se traduce en una ganancia de cientos de miles de millones de euros que España recibirá tan solo de Alemania en veinte años, sin que tenga que someterse legalmente a un rescate de nuestra economía que nos suponga un mayor endeudamiento. Por supuesto, todos los pequeños detalles que componen esta operación están sumamente cuidados. Hay policías españoles que vigilan a los imputados en Alemania para que no roben lo que roban, y estos a su vez tienen a otro para que no se dejen corromper.

Y si, por desgracia, esta increíble operación hunde a Alemania en una crisis... ¡vaya!... será... un daño colateral. ¡Qué lástima, señora Merkel!
¿No podría terminar así?

 

 


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