| Todos los
días vemos en las noticias las desgracias ajenas,
un asesinato en no sé donde, un accidente en
la autopista… pero a lo que estamos más
acostumbrados es a la pobreza. Estamos acostumbrados
a oír que cada 6 segundos muere un niño
en África o cosas así. Esto es muy serio
y hay que ayudar. Mucha gente hace lo que puede para
ayudar, es verdad, y otros no hacen nada. Sus razones
tendrán. A aquellos que no ayudan y que lean
esto, que no se sientan ofendidos. No les estoy culpando
ni les estoy echando nada en cara.
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Un 'sin techo' de una ciudad cualquiera.
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Pero no solamente hay gente necesitada en los países
subdesarrollados, sino que hay pobreza en todos (sólo
que en los subdesarrollados, al ser países
menos desarrollados y pobres, la cantidad y la gravedad
aumenta).
En este trabajo quiero hablaros de esa gente que
veis en las calles de nuestras ciudades pidiendo limosna
con cara de angustia y de súplica, de aquellos
que buscan y rebuscan en la basura buscando algo con
lo que vivir, de aquella gente que frente a la sociedad
son ignorados o juzgados sin conocerlos. Para que
a esta gente se la mire de otra manera a partir de
ahora y que se la ayude para que consigan poder levantarse
después de su caída quiero contar una
historias reales de gente que fue ignorada por muchos
y ayudada por pocos.
En algunos casos gracias a esa minoría que
les ayudó salieron adelante pero otros no llegaron
a envejecer. Un hombre armenio de entre 45 y 50 años
que ya residía en España desde hace
unos cuantos años, padece una enfermedad muy
grave de hígado. Es ingresado en el hospital
de Sierrallana. A causa de esta enfermedad pierde
el trabajo. Vivió varios meses con las ayudas
que le proporcionaba Cáritas (no tiene a nadie
que le proporcione dinero ya que su familia se encuentra
en Armenia). Al final de todo el hombre, aún
enfermo, vuelve a su país para reunirse con
su familia y seguir allí su vida.
Una mujer al volverse transexual no fue comprendida
por sus vecinos y amigos y se quedó sola. La
familia la aceptaba porque comenzó a prostituirse
y de esta forma entraba dinero en la casa por su parte
(no puedo ni imaginarme en qué cabeza entra
el que un hijo o una hija que decide ser diferente
sea aceptada por su propia familia no por amor, sino
por una aportación económica). Cuando
ya no vale para la prostitución y al haber
contraído el sida, la familia la rechaza. La
chica llega a una casa para enfermos de sida en Salamanca
con unos 30 o 40 años y pesando 30 kilos. Gracias
a la ayuda que encontró en esa casa se recuperó
y adquirió formación laboral. Restableció
su vida y obtuvo un empleo.
En la actualidad vive normalmente con una pequeña
ayuda.
Una familia de Armenia llega a España. Primero
la madre, a la que tuvieron que proporcionarla muchas
ayudas. Más tarde viene el resto de la familia.
Poco a poco, y una vez reunidos todos, intentan sacar
sus vidas adelante. Con las continuas ayudas de Cáritas,
tanto civiles como sociales, acaban consiguiendo ser
una familia normal. La madre y el hijo aportan ayudas
económicas al resto de la familia.
Una mujer que fue madre a los 13 años y más
tarde se encontró con que la historia se repetía
siendo abuela a los 27, no tiene a nadie ya que sus
padres y su marido la han abandonado. Tiene que prostituirse
para poder sobrevivir. Se contagia de sida y al no
poder ejercer su empleo se queda sola y llega a una
casa de enfermos para el sida. Lamentablemente la
enfermedad pudo con ella y murió en la casa.
Estas son algunas historias de las muchas que son
ignoradas y que intentas sobrevivir día a día.
Si aún no estáis convencidos y no os
las creéis, en Torrelavega hay centros como
'El hogar del transeúnte', 'Gente de paso'
o 'La casa de los muchachos' que ayudan a la gente
necesitada como pueden.
Bueno, espero que os haya gustado o que, por lo menos,
os preocupéis un poco por el tema. Cuando veáis
a alguien rebuscando en vuestro contenedor no le miréis
mal, porque aunque la vida le haya ido tan mal, él
aún no ha tirado la toalla.

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